EL FUTURO DE LA AUTOMOCIÓN
Javier Riera dejó atado y bien atado el futuro de las empresas de la automoción cuya facturación representa el 18 por ciento del producto interior bruto de Galicia. Por eso ayer, desde la distancia de los 49 días de haber dejado su responsabilidad como director de la planta de Citroën de Vigo, mantenía la serenidad ante las declaraciones realizadas el miércoles por el nuevo presidente de la multinacional, Christian Streiff, de recurrir a proveedores de países de bajo coste.
Su mensaje de "tranquilidad" parte -según aseguró ayer , de constatar que durante las dos últimos años se ha conseguido alcanzar la masa crítica y la "cultura" de sector para librar tanto a la fábrica que él dirigió como a las auxiliares -que generan el 14,4 por ciento del empleo industrial de Galicia- de los vaivenes sectoriales.
Javier Riera explica que al importante número de empresas instaladas en torno a la factoría de Citroën no les afecta el problema de costes o de posibles cambios de proveedores, no sólo porque los precios están "muy contrastados", sino por la tecnología que ofrecen y por la garantía de abastecimiento.
Cuestión de sofisticación
Anticipa que el impacto de cualquier decisión de cambiar de empresa suministradora será escaso, afectando a empresas sin aporte tecnológico cuyo producto se puede encargar a Marruecos, por su proximidad con España y por contar con menores costes sociales. Salvo en casos excepcionales, insiste en que el elevado nivel de los componente tecnológicos hará difícil que sea más rentable contratar el producto a miles de kilómetros para mantener sin cortes la producción de la planta de Citroën. "Las empresas auxiliares gallegas cuentan con elementos competitivos muy sofisticados".
Señala los "peligros" de trabajar con "flujos tensos" de un sistema logístico basado en el suministro de materiales desde Asia. Comprar las piezas fuera obligaría a prácticas ya en el olvido en Vigo, como la existencia de material almacenado.
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